domingo, 26 de abril de 2015

Crónica del D'A 2015. Inauguración, Saint Laurent


Entre el 24 de abril  y el 3 de mayo se celebra en Barcelona el festival D'A, Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona, que llega ya a su quinta edición, más consolidado que nunca. Tras Americana o Mecal, el D'A sigue colmando la oferta cinematográfica de una ciudad que no se puede quejar de ello, ya que casi cada mes tiene un festival o un evento que hace que los cinéfilos estemos ocupados. 

La película encargada de inaugurar esta quinta edición ha sido Saint Laurent, del director francés Bertrand Bonello, director a quien el D'A dedica una retrospectiva completa, incluidos sus varios cortometrajes. De los seis largometrajes de ficción que Bonello ha realizado hasta la fecha he podido ver hasta cuatro. Y si algo tienen en común todos ellos es su forma de narrar algo dispersa, caprichosa, sus personajes atormentados y alejados de la cánones que marca la sociedad y sus escenas arriesgadas que buscan el morbo o el escándalo como marca de autoría. En Le pornographe, su segunda película, el personaje outsider es un director de cine porno que se siente artista y que vive con cierta vergüenza su trabajo. El escándalo viene dado por atreverse a incluir una escena de porno explícito y en este caso, la dispersión narrativa juega en su contra pues la película termina por no ir a ninguna parte. Su siguiente película, Tiresia, nos habla del secuestro de un transexual, con una primera mitad muy enfermiza en la que los personajes atormentados son tanto el transexual como su secuestrador. Con un aire malsano, sin escatimar detalles del físico del transexual, ni tan solo cuando el secuestro le obliga a prescindir de su medicación y su feminidad se va diluyendo, la cinta da un vuelco narrativo en su segunda mitad y su paranoia, juega de nuevo en su contra llevando hacia la mediocridad lo que hasta entonces estaba siendo una película muy contundente. Antes de la inauguración que hoy nos ocupa Bonello realizó su película más valorada hasta la fecha, L'Apollonide, aquí hay un rasgo novedoso respecto a su cine anterior y es un gusto por la elegancia y la soberbia estética, que se repetirá en Saint Laurent. Por lo demás, los personajes atormentados y al margen de la sociedad pasan a ser un grupo de prostitutas, el escándalo viene dado por diversas escenas desagradables relacionadas con el sexo o la violencia y la dispersión narrativa, más comedida que en las anteriores películas, la sabe controlar mucho mejor y logra que se convierta en un clima, un estado anímico que mece la película y nuestra percepción de la misma. 
Así llegamos a Saint Laurent. En mi opinión su mejor película ya que la exquisitez de la forma que ya logró en su anterior film se une en este caso a una historia de marginalidad y tristeza existencial, a mi parecer, mucho menos impostada. Yves Saint Laurent pasa a ser aquí el personaje que pese a tenerlo todo, fama, dinero, talento, se siente vacío y desencajado de una sociedad que por otro lado le mima cuánto puede. El escándalo está muy atenuado. Hay un par de escenas algo subidas de tono pero nada capaz de molestar a mentes no demasiado mojigatas. La dispersión narrativa, el capricho, la ruptura con la biografía ordenada y convencional es una de las marcas autorales de la película. Pero de nuevo el recurso juega a su favor pues la película logra ir creando un poso de tristeza que va mucho más allá del detalle argumental concreto que se nos está explicando. Así pues Saint Laurent nos va mostrando la vida del artista y del hombre a retazos, con especial atención a los detalles, a los bocetos, a la moda, a los desfiles. Con especial atención a su tendencia a la depresión. Y retrata una época y una forma de ser y de vivir al límite y el arte que surge entre los diversos naufragios personales y sociales, entre las muertes que siempre escenifican los excesos. 
Con un metraje algo excesivo como único punto en contra, lo que otorga a la cinta ciertos altibajos en su desarrollo, Saint Laurent tiene en su favor, además de ese poso de tristeza citada y esa estética apabullante, ciertos momentos excelsos que la elevan a una película de notable alto. Los minutos finales mezclando tiempos, resultados y consecuencias de la vida y los allegados de Yves Saint Laurent es sobresaliente. La fiesta gay o el primer encuentro entre Jacques y Yves son altamente adictivas y esa demostración final terrible de que nuestro protagonista está vivo con la mirada vidriosa es acongojante.
Saint Laurent nos narra un biopic de forma muy poco convencional. Se intenta acercar al detalle y a la esencia y alarga ambos hasta formar un todo que es más de sensaciones que de certezas biográficas. Bertrand Bonello navega por turbulencias y termina en un mar abierto, reposado, calmado pero infinito. De horizontes inciertos que nos quedan demasiado grandes. Maravillosa.

Un par de videos. El encuentro citado entre Yves y Jaques, todo muy pop y el trailer de la película. No os la perdáis.


 



viernes, 24 de octubre de 2014

Sitges 2014 en tweets

Para terminar la cobertura y una vez he comentadas en el blog todas las películas que he visto durante la presente edición, retrocedemos hasta los días en que estábamos in situ, para recopilar los tweets que durante el festival nos sirvieron para comentar lo que allí pasaba. La inmediatez. Lo más cercano a la verdad. Visto todo junto impresiona...





























































































































































miércoles, 22 de octubre de 2014

Crónica del Festical de Sitges 2014 (4): Asia

Finalmente, en esta cuarta crónica de Sitges 2014, vamos a comentar los 15 títulos asiáticos que vi durante los 9 días de Festival, como en el resto de secciones, un poco de todo, aunque quizás entre lo asiático hay bastantes más cosas muy recomendables o razonablemente recomendables. Y algún rollete sí. Vamos pues.

La mejor de largo y otra muy recomendable.

Dentro de los muy recomendables y terminando en mi top-1 del festival, la última joya animada del estudio Ghibli. Una vez retirado Miyazaki el menos prolífico y co-fundador y también jefe de la compañía, Isao Takahata, nos brinda la que es en mi opinión su mejor película con diferencia, La princesa Kaguya, una delicada y poética cinta basada en un cuento popular japonés, de trazo sugerente y muy difuso, casi sin márgenes en la pantalla, que utiliza esa historia tradicional para hablarnos de esencias con estilo pausado e imaginativo, muy poético. La cinta resultante pese a unos inicios algo dubitativos se convierte en una verdadera explosión de imágenes, de sentimientos, de tradiciones culturales, de sentimientos ocultos y otros de emergentes. Y cada fotograma respira belleza, delicadeza, vida. Una auténtica maravilla,

También muy recomendable la última película del últimamente algo perdido Kiyoshi Kurosawa, Seventh Code. El veterano director japonés da una vuelta de tuerca a su estilo mutando hacia juguetón. No hay nada de terror, menos del último y muy discreto cine comercial al que nos tenía acostumbrados y poco de sus dramas más concienzudos. Nos ofrece una historia partido en dos segmentos de duración desigual. En la primera llama la atención la fragilidad de lo narrado, lo caprichoso del relato, casi incoherente, sin explicaciones lógicas. Una soledad, una búsqueda, unos motivos que desconocemos, un entorno hostil. La segunda muta de juguetona a juguetona al cubo y surge el cine de género y el capricho total. Sé de gente que no está de acuerdo con una de las dos partes, pero no se ponen de acuerdo con cuál. Porque Kurosawa se siente libre y hace lo que le apetece, como hacía en sus dramas de terror minimalistas de espaldas al espectador. Y eso suele tener sus riesgos. Una película diferente, divertida, loca y muy reivindicable, no apta para todos, claro.

Dentro del grupo de bastante recomendables sin llegar al nivelde las dos películas precedentes voy a englobar 5 películas: The pinkie, Firestorm, Fish&Cat, R100 y Backwater.

The pinkie es una locura bizarra, de humor grueso y ritmo frenético de una directora joven, novel y descarada que claro, en primer lugar realiza una película no al gusto de todos, obvio y en segundo lugar es una cinta muy imperfecta e irregular. Pero asumido éso, el delirio es muy apetecible, muy divertido, está muy bien rodado y sobre todo supone cierto aire fresco, a medio camino de ese cine trash japonés tan mal hecho pero con tantos seguidores y el cine más comercial y más políticamente correcto que suelen suponer sus comedias.

Firestorm es una cinta de acción de Hong Kong que tiene como mayor baza su grandilocuencia. Todo es tan a lo grande que a veces parece una parodia, o una especie de esperpento del cine de acción del país. Pero yo creo que en el fondo se toma en serio, es la formas que se tiene por allí de entender el cine, cuánto más de todo, mejor, y una vez nos desacomplejamos de nuestra coherencia y contención, se puede disfrutar la película como lo que es, un divertimento excesivo, adrenalítico y espectacular con secuencias de dejarte boquiabierto y otras muy salvajes.

Fish&Cat es una de las películas más exigentes de Sitges 2014. Es una cinta iraní de más de dos horas y un absoluto experimento. En un solo plano secuencia se nos ofrecen durante una tediosa hora y pico, conversaciones banales entre varios personajes que se reúnen para pasar un fin de semana alrededor de un lago y que sabemos, están bajo la amenaza de dos asesinos extraños que poseen un restaurante dónde cocinan carne humana. Pero el tema terror se obvia y la cinta se dedica a vagar dentro de su plano secuencia y de su banalidad. Pero en el tramo final ocurren dos cosas, aparece cierta inquietud y sobre todo, aparece algo a nivel estilístico y conceptual que lo cambia todo, lo justifica todo y te abre un montón de preguntas e inquietudes. ¿Ha merecido la pena esperar? Dependerá de lo que te haya gustado este giro y de lo que te hayas aburrido al principio. En mi opinión sí. Me aburrí más en otras películas insulsas.

R100 es la nueva locura de Hitoshi Matsumoto. Como todo su cine grandes fans y defensores incondicionales y también encolerizados detractores. En realidad no creo que haya para ninguno de los dos extremos. En gran medida porque R100 es una gran broma y hay que tomarla como tal y por lo tanto una broma o tiene gracia o no la tiene pero elevarla a excelsa o rebajarla a infecta me parece a todas luces excesivo. En mi opinión la locura empieza muy divertida y curiosa, cn un hombre gris y un centro de sadomaso qmisterioso que viene a alegrarle y a poner emoción en su vida. Pero pronto el hombre gris se da cuenta que quizás pretende ser gris. Y su agobio se mezcla con otra paranoia metafílmica obvia que tiende a hacerlo todo más marciano. A mí me gustó, pero como por otra parte creo que es normal dada la propuesta fílmica de broma, en su tramo final no colmó mis expectativas. Pese a todo muy curiosa. Para fans y juguetones.


Y para terminar con este grupo, en Seven Chances se pudo ver Backwater, la nueva película del japonés Shinji Aoyama, que tiene en su haber una cinta, Eureka, reivindicada por muchos y que tengo pendiente de visionar. La cinta que nos ocupa es algo sensacionalista e irregular pero también tiene pasajes hermosos y una fuerte carga de nihilismo que recorre la película, pero también de esperanza. Con paisajes tan grises como efectivos, con la gracia de saber trasmitir cierta belleza en un innegable entorno feo, con traumas, con neuras, con violencias intrínsecas y con dolor, Backwater es algo fallida, pero tiene suficientes aciertos como para seguir indagando en la obra de este director del que hasta ahora no había visto nada.

Ahora otro grupo de 5 películas. Las regulares, las aprobadas por lo pelos o las aprobadas que han resultado una decepción.

Un par de decepciones muy obvias. Una One on one, la última película de Kim Ki-duk, algo perdido en sus locuras. En esta ocasión, dentro de esa etapa depre que ha dado títulos excelentes y radicales, se apoya demasiado en el panfleto y en una violencia obvia. Demasiado discursiva, mucho más controlada de lo que en él suele ser habitual, con violencia extrema pero de manual y con demasiada sensación de dejà vu, la cinta del coreana no es tan mal ni mucho menos lo ridícula que muchos han querido denunciar, pero es cierto que es fallida, ni funciona como locura extrema y radical, como vómito, no como cinta más o menos convencional sobre la violencia y la venganza.

Otra enorme decepción es The world of Kanako, pese a que gracias al tono pop y al brutal y hiper excesivo y adrenalítico montaje por algunos minutos me pareció de lo más grande que estaba viendo en Sitges. Pero ya se sabe que las cosas duran hasta que se caen. Y la nueva película de Tetsuya Nakashima se cae por agobio de ese montaje tan exigente, sobre todo cuando la trama deja de acompañar y lo que parecía una sugerente historia de amores y soledades estudiantiles con fondo oscuro se convierte en un desfase mafioso y de sexo y drogas sin sentido y muy loco. Entonces, la locura de fondo y forma me sobrepasa, me agota y cuando aún queda mucha película me doy cuenta que ya nada me interesa, que me aburro y que ese montaje mareante, hasta que todo termine, se va a convertir en una pesadilla.

También supuso una decepción la co-producción entre EEUU e Irán, A girls walks home alone at night, en este caso no porque la expectativa de su directora estuviese alta por algún trabajo anterior, ya que se trata de una ópera prima, si no porque el trailer nos había hecho emocionarnos y el punto de partida parecía de lo más sugerente. Pero todo quedo en casi nada. Un poco de cierto gusto por una estética cuidada y ese blanco y negro sugerente se agotan en una historia con exceso de ego, dispersa, que no va a ningún lado, caprichosa y que pretende más ser un reflejo de lo guay y cool que es la directora, que nada con cara y ojos para que puede disfrutar un espectador exigente. Si se encauza quien sabe si en el futuro nos puede dar alguna alegría, hay ideas y hallazgos chulos, pero demasiado pocos para tanta tontería en su conjunto. 

De Hwayi: a mosnter boy lo mejor y peor que se puede decir es que es correcta. Si os he de ser sincero en estos momentos, varios días después de verla, muy poco recuerdo de la cinta en cuestión y ese olvido, sin duda solo puede ser debido a que la mediocridad de su conjunto no ha pervivido a tantas pelis en mi memoria. La cinta de niño secuestrado y criado por varios mafiosos hasta que decide vengarse de ellos funciona más en su inicio cruel y ambiguo que en su parte final de venganza desatada demasiado previsible. Si te van las locuras coreanas de segunda, quizás puedas pasar un buen rato, antes de olvidarla.

Y algo parecido ocurre con No tears for the dead, un nuevo ejemplo de que el thriller coreano debe de reinventarse porque está hace años de bajada. En este caso, al contrario de lo que ha ocurrido en la mayoría de películas del festival, lo mejor es el tramo final de acción bien trabajada y algo payasa, como se espera de una producción así. El mientras hasta el desenlace demasiado sosillo y algo lioso. Para un rato muy tonto con poca exigencia se puede ver.

Finalmente tres cintas de las que es mejor huir.

La primera con matices, pues La venganza de Satán, editada en España por Trash-o-rama, ya se va a ver con esa intención, que sea algo mala. Pese a ello es tan mala que sorprende. Incluso es difícil que te arranque una sonrisa. Es una serie Z sin gusto ni lógica que cuesta creer que se haga o tenga su público. Si quieres descubrir trash del bueno sin duda es una gran opción, pero te vas a tener que cargar de paciencia.







Takeshi Miike prometía con su Over your dead body pero es un despropósito, ya no por aburrido en ese esquema Miike de hacer de vez en cuando algo muy sobrio, si no porque su trama que confunde teatro con realidad se confunde, está mal narrada y se pierde en el abismo del sopor. Ni fantasma ni nada, nada aterroriza, todo aburre. Miike hace años que empieza a cansar, ¿no?







Y finalmente ese Takeshi Shimizu que hizo algo de terror inquietante hace años vuelve a naufragar. Su nueva adaptación en personajes de carne y hueso de Nicky, la aprendiz de bruja tiene dos problemas básicos. Si Miyazaki cogía lo que le interesaba de las novelas para llevarlo a su mundo de fantasía y aviación, Shimizu lo carga de impersonalidad y todo es muy soso. Hasta un tramo final tan vergonzoso que en la sala nos reímos mucho. Lo bautizado allí como el momento Falete es tan delirante que te ríes al tiempo que sientes vergüenza infinita. casi que vale la pena...