Pues sí, doblemente fantástico por su contenido y su nivel. Todo lo que empieza acaba (en este caso por suerte para mi salud mental) y ayer reduje un poco el número de películas que tenía previsto: mejor terminar con dignidad. He batido todos mis records y durante estos diez días he visto 46 películas y he terminado razoblemente bien. Ayer dos auténticas obras maestras Drive y The artist, una película apreciable Killer Joe y comentaré también Leyenda, un cortometraje que prometí intentaría ver a la colega Laura Uve. Entre todo ello se ha otorgado el palmarés, bastante variado y opinable, pero no escandaloso. Es la última crónica y tenemos faena. Vamos allá.
Comienza el día con la esperada Drive, de la que solo había oído buenas palabras. Y no hay para menos. El director Nicolas Winding Refn (al que yo ya seguía desde el 2003, cuando realizó la genial Fear X) nos ofrece una cinta casi perfecta. Cine negro con toques de thriller, de cine de gángsters e incluso de cine de acción y drama romántico en una película con una dirección exquisita, un ritmo simplemente inmejorable que nunca decae, una estética vintage a camino entre el cine (y la música) de los 70 y los 80 y unas interpretaciones magníficas de Bryan Gosling y Carey Mulligan. Algunas escenas, como la del ascensor, son de antología. El tono pesimista que impregna el relato es el justo y necesario. La película es dura, violenta, sin concesiones al espectador, destila odio, pero también humanidad, recorta y matiza los límites entre bondad y maldad y lleva al espectador, fascinado, a una espiral de venganza en una película en la que parece no sobrar ni un plano, en que todo se construye con cierta austeridad, pero en la que una mirada vidriosa de cualquiera de sus dos protagonistas, vale más que mil palabras. De lo mejor del año. Una verdadera maravilla.
La segunda proyección era la tradicional película sorpresa con la que cada año juega el festival, dando pistas durante su duración y que se desveló el viernes. En principio todos apostábamos por Tintín (carteles varios y la pista de que era un director que había realizado grandes películas en los 70 y que seguía en forma nos despistó). Sin embargo, el jueves Ángel Sala habló de una película salvaje de uno de los directores con una de los mejores películas de terror de la historia. Director con plenitud en los 70, con una gran película de terror y con peli a punto de caramelo que fuese salvaje. Todo coincidía y tuvimos que cambiar el Tintín de Spielberg por Killer Joe, de William Fiedkin (aunque lo de que está en forma era, por lo menos, generoso). La película es una comedia de cine negro muy al estilo hermanos Coen, es decir donde la trama es secundaria y lo que importan son los diálogos de corrosivo humor negro, pero Killer Joe, termina por ser mucho más salvaje y gamberra que el cine al que nos tienen acostumbrados los geniales hermanos. La película de Friedkin da esperanzas sobre su salud cinematográfica, que por mucha generosidad que le ponga Ángel Sala era triste. Killer Joe huele a cine clásico para luego destrozarlo por dentro con su brutalidad. Con algunas escenas realmente divertidas y un in-crescendo de humor salvaje y brutal no apto para todas las sensibilidades, la película es curiosa y a ratos hilarante, pero a mí me termina por producir cierta sensación cargante y por ello, de indiferencia.
Tras una pausa para comer y antes de asisitir a la última proyección de Sitges, surgen un par de temas. En primer lugar, le prometí a la colega Laura Uve, del blog U-topía que por poco que pudiese intentaría ver el cortometraje que había realizado una persona próxima a ella titulado Leyenda. A veces ponen cortos antes de las películas, pero no hubo suerte y ninguno de ellos fue Leyenda (que ya se había pasado en la Gala Inaugural), así que me encaminé a una sala de visionado a que tenemos acceso los acreditados y pregunté si disponían del corto de Pau Teixidor. Me contestaron que sí y me añadió el amable chico responsable de la sala "es de los mejores cortos del festival". Yo pensé "éso espero", porque como decía ayer los cortometrajes que se proyectan son, en su mayoría, un escándalo, una infame basura. Hace años los cortos estaban mejor, pero ahora supongo que los traen a cambio de favores con productoras o con la Generalitat (había muchos catalanes, todos ellos patéticos) o no sé porqué. Pero ir a la sesión de cortos es una pesadilla y uno reza para que no le pongan ninguno antes de la película que se dispone a ver. Leyenda de Pau Teixidor es, seguro, el mejor corto que he visto durante el festival (aunque no he visto más de diez y seguro que alguno otro bueno habría). Es una historia no muy original y llena de lugares comunes y en pocos minutos se mezclan leyendas, hombres lobo, asesinatos, coches que se detienen en lugares poco frecuentados, una niña extraña y mucho gore. Pero la realización es impecable, las interpretaciones buenas, el ritmo correcto y el cortometraje, sin ser nada original, es muy entretenido e ideal para Sitges. Si Pau Teixidor termina por dar el salto al largo está claro que técnica no le falta. Quizás habría que pedirle que eligiese bien el texto que quiere traducir en imágenes. Desde aquí le deseamos suerte.
No voy a poner aquí todo el palmarés porque ésto quedaría muy largo. Así que si lo queréis saber pinchad aquí. A mí el palmarés de un festival me interesa poco porque los gustos del jurado no son más que el gusto de unos pocos espectadores y pueden ser muy opinables. Sin embargo este año, la presencia en el jurado de Quim Casas, mi crítico de referencia, me hacía tener esperanzas en el palmarés. Y al menos con la mejor película estoy totalmente de acuerdo, ya que dentro de la Sección Oficial a Competición (aquí no estaba Trier, ni Bela Tarr, ni Drive, ni The artist, ni Poulet aux prunes) para mí, de las que he visto, la mejor de largo y por mucho era la película de Kevin Smith, mi único cinco de la Sección Oficial. De los otros premios gordos entiendo el de mejor director a Na Hong-jin por The yellow sea, aunque a mí me saturase está bien dirigida, sobretodo en una primera hora brillante y el de mejor actor para Michael Parks, el pastor fundamentalista de Red State. La mejor actriz fue a parar a Brit Marling por Another earth, una de las películas que no he visto y por lo tanto no puedo opinar. Me parece mucho más escandaloso el premio a mejor guión para The woman (aunque peor hubiese sido darle el de mejor director, ya que la dirección es patética) y el premio de la crítica para Attack the block. Esta película también se ha llevado el premio del público, casi esperable teniendo en cuenta las películas que suele premiar el público de este festival, pero que la crítica premie una película divertida, pero en definitiva tan mediocre, me parece que poco dice de la gente que hace crítica cinematográfica seria en este país. Del resto de premios no voy a comentar nada. Solo decir que los premios que da el Jurado del Carnet Jove, que nunca me han interesado, lo hacen menos este año cuando tuve que sufrir durante una proyección los comentarios de un greñudo que formaba parte de él, mal educado y que por el aburrimiento que mostraba en la proyección a la que me refiero, no tiene ni puta idea de cine. Dicho queda.
Pues terminamos el festival con la maravillosa The artist, una película muda, sí habéis oído bien, muda (casi en su totalidad) que es un verdadero canto de amor al cine. La película no solo copia la estética del cine mudo, sino en parte sus intenciones bienintencionadas y es una verdadera joya. Llena de inventiva visual, con un ritmo perfecto, con secuencias sublimes, llenas de humanidad, con referencias cinéfilas a películas y a esos años en que el cine mudo cambió a sonoro con las consecuencias desastrosas para muchas de sus estrellas, The artist recibió la ovación más larga que se ha oído durante el festival y creedme, la merece. Mágica, tierna, divertida, entrañable, tocada por la varita mágica de la perfección, con unas interpretaciones sublimes de sus dos actores principales: Jean Dujardin en un papel en que emula a la perfección a estrellas que van desde Rodolfo Valentino a Clarck Gable y que está cargado de humanidad y de gracia y Bérénice Bejo, la actriz que hace que la belleza de su rostro haga que la palabra belleza sienta vergüenza de inferioridad cuando la usan para definirla. En definitiva, una película ideal para terminar el festival en la cumbre.
En realidad tenía previsto ver un par de pelis más este último día, pero como señalo al principio del post de hoy, mejor retirarse con dignidad, ya que la 46 películas acumuladas empiezan a pesar como una losa. Ha sido un gran año en que gracias al nivel del festival y a la compañía, la brutalidad de películas no ha afectado negativamente a mi cerebro, sino lo contario. Agradecer los buenos instantes pasados y compartidos durantes estos días a Álex, Kathy, Sonia y Alberto, que se han ido pasando por el festival, sobretodo los dos primeros, y sobretodo a mi Sandra, que ha venido muchísimo y he disfrutado de su presencia y de su ayuda para con los posts. También destacar la compañía de los colegas blogueros que aunque habíamos coincidido mínimamente, prácticamente se puede decir que nos hemos conocido durante el festival, en que hemos compartido muchas horas. Ha sido un lujo de compañía que creo es el inicio de algo. Daniel, Alan Smithee, BCNdays y John, ha sido un auténtico lujo compartir festival, horas, carreras y opiniones con todos vosotros.
Pues amigos lectores, solo me queda agradecer vuestra fidelidad, vuestro comentarios, que durante la locura y el cansancio del festival ayudan mucho a seguir escribiendo y espero que hayáis disfrutado un poquito con las crónicas que he hecho con todo el cariño para vosotros. Mañana vuelve la vida cotidiana, fuera del paréntesis, de la burbuja que suponen en una vida corriente estos diez días. Durante algunos días probablemente descanse. Pero no lo dudéis, más pronto que tarde, el cine vuelve a Lost Highway Blog.











































