lunes, 19 de octubre de 2015

Crónicas festival Sitges 2015 (2)

Una de las propuestas más radicales y que hicieron de las delicias del sector más cinéfilo fue The assassin, una deconstrucción del lenguaje cinematográfico, un intento de rodar la evanescencia no solo a nivel formal (los velos, la distancia a la que se muestra la acción acaecida) sino también a nivel argumental. El siempre complicado, incorruptible y estimulante Hou Hsiao-hsien aporta al wuxia sus habituales tiempos muertos. No importa tanto la acción como lo que acaece mientras ésta se desata. Y lo que pasa es poco o nada. Conversaciones, esperas, tiempos muertos. Bella y pausada, con la hermosura eterna de Shu Qi, vaporosa, velada, con escenas de acción que el montaje hace casi imperceptibles, la película será obra maestra para algunos y sopor para otros. 

Love & Peace es mi pequeña reconciliación con el cineasta japonés Sion Sono. Tras diversos títulos suyos que me han saturado (en este mismo festival tuvimos la fallida Tag) Love&peace es un cuento infantil friki sobre un hombre inadaptado y su amor por una tortuga que mezcla comedia, delirio, cine infantil y kaiju. Difícilmente exportable del japón ya que juega con muchos de sus códigos y sus mundos, Sono satisface sin embargo a ese sector cinéfilo acostumbrado a los festivales con esta frescura que no puede no resulta simpática. Y ojo a la música. Terminaréis la película cantando. 

Muy estimulante también es Love, o como uno de los enfants terribles del cine actual se atreve con una historia de amor con mucho porno explícito creando unos cuadros visuales fascinantes, lisérgicos, de rojos hirientes. Una historia de desamor y tristeza existencial tan provocadora como auténtica. La nueva vuelta de tuerca de Gaspar Noé copntra el resptable. Ni se va a excitar con el porno ni le va a resultar la cinta de un visionado fácil. Con tiempos muertos parecidos a los que se suceden en cualquier relación, con celos y tristeza, con pasión desmedida y con hambre sexual, los protagonistas buscaran la felicidad pero jamás se acercarán a ella. Una película fascinante que sin llegar a la maestría de los dos anteriores trabajos de Noé, sobresale de la media y nos acmpaña tras abandonar la proyección. ëso sí, el ·D no sirve para nada.  

The Witch fue la exitosa película inaugural de Sitges y se llevó con casi unanimidad, excepcionales críticas. Mezcla una historia de integrismo religioso con elementos sobrenaturales,  en una aldea apartada de la civilización y construyendo la historia con lentitud, a base de pequeñas dosis de tensión crecientes. Una dirección precisa, un terror a lo desconocido y pero también a lo tangible que se fusionan y una música inquietante hacen del visionado de The Witch una experiencia terrorífica y malsana. Solo algunos momentos algo repetitivos en su tramo central, en que la historia parece repetirse, pueden criticarse en esta notable apuesta a contracorriente, en que interesa más la sensación de extrañeza que el susto fácil. El hype está muy alto tras su paso por Sitges. Y decepcionará a pocos. 

También muy esperada tras la anterior película de su director, Blue Ruin, Green Room comienza de forma excepcional con una banda de punk, atrapada en una habitación muy reducida tras dar un concierto en un garito neonazi y ver un asesinato del que jamás debieron  enterarse. La claustrofobia y la violencia seca de la primera mitad de la película es espléndida y corta la respiración. Pero los supervivientes deben intentar algo y en esa segunda mitad de juego del gato y el ratón, la película, sin dejar de ser interesante, pierde parte de la frescura y la asfixia que sí había logrado en su tramo anterior. Con todo, ese survival sin contemplaciones y realista sigue siendo disfrutable y pone definitivamente en el punto de mira a su director Jeremy Saulnier.

El 23 de octubre se estrena Victoria, un prodigioso plano secuencia de más de dos horas que nos sumerge en un thriller nocturno de una chica madrileña en Berlín, al juntarse con un grupo de chicos que tontean con la delincuencia en la noche menos apropiada. Muy bien interpretada (atentos a la joven promesa Laia Costa) y técnicamente impecable, la película adolece de algunos problemas de credibilidad como gran hándicap pero se ve con tensión, agrado y es aire fresco. 

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