miércoles, 29 de marzo de 2017

Cine latino: Luis Estrada (México)

Tras cuatro posts de esta sección de cine latino que dedicados a Argentina, Brasil, Colombia y Chile, por fin dedicamos hoy uno a México, sin duda el país latinoamericano que realiza el cine que más me interesa hoy en día. Y el director elegido para la ocasión es Luis Estrada y para ser concretos, sus tres últimas películas.
Aunque esta sección hasta ahora había estado formada por sesiones dobles (y lo seguirá estando) a sugerencia de Daniel Gálvez de Cine Latino, que como dije al iniciar esta sección es quien me ha sugerido la mayor parte de los títulos que conforman la misma, en este caso caso concreto hablaremos de tres películas que forman una especie de trilogía devastadora sobre México y su corrupción.


La ley de herodes (1999)

La acción se sitúa a finales de los 40 y principios de los 50 para hablarnos de la política, su poder de corrupción hacia las personas y de la distorsión que el poder puede ejercer sobre el individuo. El film sin duda es muy brillante y cuenta con la brutal actuación (es el actor principal en la trilogía) de Damián Alcázar, un actor que hasta hace poco no conocía y que ahora me parece de lo mejorcito del panorama actual mundial. Un pueblo de mala muerte, mucha influencia literaria rural y con ese nivel de esperpento que tan bien saben plasmar los mexicanos, una fotografía genial de tonos mates, un humor que recorre la historia pero que ante el transcurso de los acontecimientos se vuelve de una acidez espeluznante y las brillantes actuaciones de Alcázar y el resto del reparto hacen de La ley de Herodes una de las mejores películas mexicanas de los últimos años, una parábola en que se nos cuenta la típica historia de que el poder corrompe pero realizada e interpretada con tanto talento y llevada a unos extremos de paroxismo y caricatura tan delirantes que la supuesta falta de originalidad del argumento devienen en una experiencia sin duda novedosa y lejana a los cánones habituales. Muy localista y al mismo tiempo muy universal. Buenísima.


Un mundo maravilloso (2006)

Tras siete años Luis Estrada vuelve a realizar una película, otra vez interpretada por Damián Alcázar y pese a estar realmente bien, está un peldaño por debajo de su antecesora. En esta caso el director se decanta definitivamente por la comedia en tono de cuento. De nuevo la política sale malparada pero en este caso no va a ser la única. Y es que este cuento con tintes de Berlanga, pero también con la cierta buena intención de ¡Qué bello es vivir!, con la sencillez de Chaplin e incluso con el humor local de Cantinflas arremete contra todo el que se le pone por delante. Con humor pero con una terrible acidez. Los citados políticos, pero también los periodistas, los asesores, la alta sociedad, la religión e incluso el grupo de pobres que se convierten en protagonistas no se salvan de la quema, de un retrato que pese al humor no puede dejar de manifestar el nihilismo que el director muestra por la sociedad que le ha tocado vivir. De nuevo gran dirección, de nuevo grandes interpretaciones, de nuevo secuencias con una muy buena fotografía y de nuevo muy mala leche para componer una película que pese al pastiche de influencias se ve como algo original y anacrónico pero que pese a algunos momentos sublimes termina por tener otros mediocres y resultar en su conjunto buena, pero algo irregular. Y con un final realmente opinable.


El infierno (2010)

Nominada al Goya a mejor película latina y ganadora de casi  todos los premios Ariel (9) de la cinematografía mexicana de aquel año, a mí El infierno sin parecerme una mala película, ni mucho menos, me parece la más floja de ésta de momento "trilogía" sobre el poder y la corrupción (La verdad sospechosa que se estrenará en 2013 parece continuar la honda). En este caso sí que la película es menos universal y el localismo de la historia parece cargar más las tintas en el narcotráfico mexicano. Lo que ocurre es que pese a la buena actuación de nuevo de Damián Alcázar, la realización en este caso se me antoja más plana, más de piloto automático, con una fotografía menos lograda, una duración (150 minutos) a todas luces excesiva y una historia, la del hombre que regresa a su México natal y ante la necesidad se arriesga con el narcotráfico hasta que todo se le escapa de las manos, que en este caso sí suena a algo tópica y produce el molesto déjà vu que pese a los temas tratados había logrado evitar en las anteriores dos películas de su filmografía. Uno tiene la sensación que tras las otras dos obras, más frescas, más auténticas, aquí Luis Estrada pretende llevar su temática hacia la película definitiva y tales pretensiones lo alejan en parte de sus logros anteriores. Si no se han visto las dos anteriores la película puede gustar mucho, en caso de haberlas visto quizás puede saber a más de lo mismo y peor. O quizás no. Pero es lo que a mí me ocurrió.

Lo que si os digo sin duda es que si no os habéis acercado al cine de este hombre, empecéis por donde queráis, pero no lo dejéis en el olvido. Es muy superior a la media.



miércoles, 15 de marzo de 2017

Filmografía de Eduardo Sánchez: El hombre que pasó desapercibido tras co-dirigir The Blair witch Project

Tras tanto post serio y grandilocuente y extenso, vamos a irnos por el lado del terror y del cine menos conocido y menos actual en el modesto post de hoy. Vamos a hablar de uno de los dos directores de una de las películas más influyentes del cine de terror moderno: El proyecto de la bruja de Blair. En concreto de Eduardo Sánchez, co-autor de la película aludida y de tres largometrajes posteriores que han pasado bastante desapercibidos para el gran público y de forma no del todo justa.
Seamos claros. El cine de Eduardo Sánchez no es genial. Su irregularidad, incluso dentro de una misma película es obvia. Su condena a lidiar con bajos presupuestos tras su ópera prima tampoco le ayuda en exceso. Pero justo por este motivo, considero que Eduardo Sánchez suele salirse por encima de la media en los resultados globales de sus películas y que solventa con cierta artesanía y buen hacer buena parte de su obra, donde otros con sus nimios presupuestos caerían en el más profundo ridículo. Es lo que se llama ciertas dosis de talento. Pero hagamos un breve repaso a sus cuatro películas:

El proyecto de la bruja de Blair, amada y odiada por el público, es una de las películas más influyentes (para bien o para mal) del cine de terror de los últimos 25 años. Creo que esta afirmación es sin duda indiscutible. Luego cada uno ofrecerá su valoración. La mía es que es una de las mejores películas de terror de los últimos 25 años y que debería figurar sin ninguna duda en una antología de las mejores películas de la historia del cine de terror. Porque más allá de su acertado marketing, la película co-dirigida por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick es un tratado del terror puro, visceral. De aquel que sentimos de forma abstracta basándonos en ciertos referentes culturales o populares que sin quererlo nos acechan. La bruja del título es solo uno de los temores de los personajes perdidos en el bosque. Porque en realidad el terror es a la oscuridad, a la soledad, a lo desconocido, a nuestra propia capacidad de generar terror de lo abstracto. La cinta, rodada con un presupuesto ínfimo y con actores no profesionales y con la cámara en mano logra unos resultados espectaculares, con momentos de terror puro como pocas veces se han mostrado en una pantalla de cine y un final ejemplar que muchos han copiado sin exhibir tanto talento. El cine de terror mockumentary o found footage alcanzaba una cumbre que decenas de películas después no ha sido ni superado, ni igualado, ni tan solo nadie se ha acercado de ninguna manera. Una auténtica maravilla vilipendiada por muchos y amada por otros. Historia del cine de terror hace muchos años. Por algo será.

Tras esta película y tras un mediometraje para explotar el filón de la bruja por televisión, ambos directores se separan e inician desiguales y bastante fracasadas carreras en solitario. La segunda cinta dirigida por Eduardo Sánchez es Altered. Y pese a ciertas irregularidades y un final bastante triste no está nada mal. Es otra película con cuatro personajes y casi una sola localización en su mayor parte de metraje que saca unos resultados muy destacables de una premisa a priori ya tratada hasta la extenuidad en el cine de terror. Pero la dirección de Sánchez hace de esta película de extraterrestre atrapado que tras ser encerrado en una casa buscará venganza nos recuerde a veces a La cosa de Carpenter, otras a cintas del estilo putrefacto de Cabin Fever, la ópera prima de Eli Roth y solo a veces nos recuerde un cierto cine de tono casposo no del todo acertado. La valoración final es más que positiva y la tensión que el director logra crear de las relaciones personales en un momento de tensión y miedo extremo en un espacio cerrado no están al alcance de todos los pulsos.

Su tercera película quizás es su cinta más floja, pese a un inicio más que prometedor. Quizás porque de alguna manera el director intenta triunfar haciendo ciertas concesiones en su guión y el tiro le sale por la culata. Estamos hablando de Seventh Moon que tiene un arranque muy prometedor de terror minimalista y auténtico muy en la linea de la ópera prima del realizador o del Ti West más inspirado pero pronto se desmorona. Lo que el director tenía por contar, la idea inicial, termina pronto. Y claro hay que llenar el metraje. Esto es un largo. Así que la historia se alarga sin justificación, se repite, aburre y pierde fuerza hasta llegar a un final pésimo, efectista, con un guión que hace aguas y que termina por lastrar el vago recuerdo que quedaba de su esperanzador inicio. Muy flojita. 

Sin embargo, su última cinta, Lovelly Moly es quizas su mejor película desde aquella lejana ópera prima del 1999.  Y es que Eduardo Sánchez la acierta con esta nueva vuelta de tuerca en el tema de posesiones. Una chica recién casada se traslada a su casa familiar que llevaba años abandonada. Pero algo del oscuro pasado de su infancia parece escondido en la casa, en forma de ente y está dispuesto a volver a atemorizarla. Obsesionada, temerosa, la adorable Molly del título empezará a degenerar física y emocionalmente hacia un estado de trastorno. Con secuencias muy logradas de terror paranormal, con explicaciones y conclusiones ambiguas e incluso con una ciertas intenciones que trascienden en mucho el mero género de terror la película es algo irregular, cierto, pero muy reivindicable.



miércoles, 1 de marzo de 2017

Apuntes sobre Nicolas Winding Refn


 La primera película que yo vi de Nicolas Winding Refn, cuando su nombre no era más que el de otro director que está empezando, se remonta al año 2003 en el festival de Sitges. Su títulos Fear X. Aún recuerdo el silencio que se hizo tras finalizar la proyección en un festival en que se aplaude a casi todo, menos a veces a lo realmente bueno. Yo estaba fascinado. Fear X es un onírico viaje a los infiernos del dolor y la culpa, del odio, del rencor y finalmente a la esperanza de la redención en una de las películas lynchnianas (dicho con todo el respeto al maestro) más merecedoras de dicho calificativo, que se suele usar con estúpida asiduidad, que yo haya visto jamás. Con un John Turturro en estado de gracia y con una dirección brillante, precisa, inquietante y malsana, Fear X es una gran película que no me he cansado de reivindicar desde entonces, primero en privado, y nada más abrir el blog en mi lista de 200 imprescindibles de la década pasada. Aprovecho por enésima vez la ocasión para volver a hacerlo.

Fear X era la tercera película de Nicolas Winding Refn, su ópera prima fue Pusher: Un paseo por el abismo (una de las dos que he aprovechado para ver ahora, a raíz de este previo Sitges) en el año 1996, a la que siguió la poco conocida Fuera de sí justo antes de iniciar nueva década. Después de Fear X llegaría la segunda y tercera parte de Pusher (Con las manos ensangrentadas y Soy el ángel de la muerte) como cuarta y quinta película de su filmografía y antes de este Only God forgives vendrían Bronson, Valhalla Rising y la aclamada Drive

En mi particular descubrimiento de la filmografía del danés, la segunda película que vería sería Bronson, al darme cuenta de que aquella película que estaba circulando por festivales es del mismo director de Fear X. La verdad es que recuerdo muy vagamente Bronson y por ello no voy a dedicarle una reseña seria, pero sí recuerdo la enorme decepción y el aburrimiento que me supuso su visionado, una especie de cinta a lo Guy Ritchie aún peor que las del inglés (que no es santo de mi devoción) vacía, histérica y redundante. La suspendí sin compasión. Y probablemente allí hubiese acabado mi relación con este director (lo que hubiese sido un tremendo error) si no hubiese aparecido la sobresaliente Drive, hasta la fecha su mejor película, aunque como vamos a ver a día de hoy hay tres películas suyas (y me faltan tres por ver) que me resultan notables. De Drive no voy a decir nada a estas alturas. La vi en el festival de Sitges de hace dos años, la puntué con cinco estrellas de inmediato, la coloqué como la mejor cinta vista en el certamen y poco después, como el mejor estreno del año 2011 (os dejó aquí mis breves impresiones en Sitges 2011).

Así pues tras el anuncio del pase de Only God forgives en Sitges y mirando su filmografía para ver alguna película suya que no hubiese visto hasta ahora decidí hacer una sesión doble (en la que reconozco no tenía excesivas esperanzas) con su primera cinta, Pusher: Un paseo por el abismo y la cinta anterior a Drive, Valhalla Rising, películas a las que separan trece años. La primera es notable, la segunda la flipé y es de notable también, de los que casi se van aún más arriba en la calificación.

                                    
                
Pusher es una ópera prima hecha sin demasiado presupuesto y que nos recuerda a algunas de esas películas nórdicas que ahora ya conocemos en las que casi parece haber un toque amateur en la realización y en la factura. De estética algo granulada y sucia, la película empieza como una historia de camellos de poca monta bastante tópica, para poco a poco irse cargando de un guión de toques tarantinianos muy bien resueltos, un humor contundente y corrosivo, pero sobre todo un nervio en algunos momentos de la narración realmente destacable, en que podemos oler la histeria en la que se sumerge el protagonista, su desesperación. La cinta logra aunar thriller y drama no exento de ironía, todo bien cargado ya de una considerable violencia y la concluye de forma fantástica, para dejar el buen sabor de boca definitivo. Una ópera prima realmente potente y destacable, muy en la tradición de cierto cine de drogas nervioso y algo pasado de rosca que se realizaba a finales de los 90, de la que ahora mismo me apetece descubrir sus dos continuaciones. Muy interesante. 


               
Valhalla Rising es de esas películas que me pueden. Primero de todo quiero dejar claro que estoy segurísimo de que mucha la gente la odia, o la odiará si la ve. Para mí fue una experiencia fascinante de la que solo me sabe mal no haberla podido disfrutar en una sala de cine. La acción se sitúa en plena Edad Media y nos muestra a unos vikingos y a un enigmático y fuerte y violento guerrero al que le falta un ojo. Un guerrero que tienen cautivo y que usan para luchas de circo y que logrará escapar. Pero el guión, la verdad, es lo de menos en esta película pretenciosa y vacilona que juega con la paciencia del espectador y que deja la narración en un segundo plano a merced de una estética y una ambientación alucinante. Con enormes paisajes naturales bellamente fotografiados, cargada de ralentís excesivos, continuados, haciendo gala de una violencia extrema, repleta de niebla y de dolor y de bestialidad, Valhalla Rising es una experiencia onírica que o bien te fascina o bien termina contigo, una cinta atrevida y sin ningún tipo de mesura, alucinógena y que demuestra antes de Drive la fascinante capacidad de dirigir de un realizador que crea belleza de la violencia, del desarraigo, del dolor, del gore. Que crea mundos, universos, que se deja influenciar pero que respira autenticidad. Brutal.