martes, 21 de febrero de 2017

Mis apuntes sobre Brillante Mendoza






Excepto El masajista, todas la películas que había visto hasta la fecha de Brillante Mendoza me parecen como mínimo de notable y en dos casos dignas del sobresaliente. No ha variado para nada mi admiración por el filipino tras poder visionar otras dos cintas suyas para este previo Sitges, Tirador (2007) y Manoro (2006). Ambas merecen un ocho sin ninguna duda. La primera la vi porque un familiar me tradujo unos subtítulos del francés al español. No los he colgado en la red porque dicho familiar vivió en África hace más de diez años y tras perder la práctica del idioma, los subtítulos eran justitos (además los tradujo sin la película delante, lo que es un gran handicap). Pero a modo personal y sabiendo de sus muchas imperfecciones, para todos aquellos interesados que quieran disponer de ellos, me pueden envíar un mail a davidamorosn@gmail.com y se los haré llegar. Una cosa os aseguro, son suficientes para entender lo necesario del film. Manoro la vi en una copia que circula con subtítulos en inglés. Hay una gran parte no dialogada y la dialogada, la pude seguir en un porcentaje bastante elevado, así que os podéis lanzar a ella sin miedos. Se sigue sin problemas. 

Manoro, la tercera cinta de Mendoza, se mueve muy cerca del cine documental, flirteando con él, dotándolo de ficciones para explicar una historia y mostrarnos unos lugares. De hecho es habitual en Brillante Mendoza ese cine fronterizo entre el documental y la ficción en alguna de sus pelis y también que en sus películas tenga tanta o más importancia los lugares que nos muestra como las historias en sí. En Manoro nos alejamos de las habituales chabolas de Manila o de la parte más ruidosa y caótica de la ciudad para sumergirnos en la Filipinas rural, totalmente aislada y casi olvidada. Seguimos a una niña aeta (una de las minorías del país que suelen ser marginadas) que tras terminar sus humildes estudios regresa a su poblado con el objetivo de ayudar a votar a sus familiares y gente próxima en las elecciones que se celebrarán en breve. Tanto las dificultades de la burocracia a la hora de admitir el voto como el hecho de tener que saber escribir y leer para emitirlo, termina con la abstención obligada de una amplia mayoría de estas zonas. Mendoza nos muestra como vive esta gente aislada en su medio rural, nos muestra las dificultades para emitir el voto, nos muestra la relación de la chica con sus allegados y en un intermedio de más de un tercio de la película, sigue a la chica y a otro personaje cámara en mano por los paisajes grandiosos que rodean al poblado, en busca de una tercera persona, en lo que quizás es el mejor momento de un film que muestra muy pronto la madurez del director filipino y su particular universo y manera de acercarse a la narración. Francamente buena. Notable de los altos.

Por su parte Tirador es la cinta justamente anterior a Foster Child. Ahí Mendoza sí que se acerca a las chabolas de Manila para explicarnos una historia sin una linea argumental demasiado definida. A partir de mínimas historias de diversos habitantes de dicha zona a modo de película coral, lo que realmente le importa a Mendoza es que dicha zona sea un personaje más, perfecta para enmarcar  las dificultades de sus habitantes para salir adelante en la vida, de sus miserias, su necesidad de delinquir (de ahí el título de la peli) y como no su caos, su violencia. Y la ruina pero al mismo tiempo cierta vitalidad en una forma de vivir callejera que a veces parece cobrar sentido. 
Los materiales habituales de Mendoza emergen una y otra vez durante el visionado de Tirador, quizás no tan depurados como en sus siguientes films, pero sí ya lo suficientemente potentes como para llamar la atención de su talento: El enorme caos, el sexo, las gentes desfavorecidas, la vida cotidiana y esos momentos de una belleza inesperada que surgen y fluyen y te enganchan a la pantalla como hipnotizado. 
Una película que más que una historia al uso es una auténtica experiencia audiovisual y sensorial, lo que no le resta que en algunos momentos nos llegue como historia coral e incluso nos emocione. De nuevo notable y muy recomendable recuperarla para los fans del director filipino.

martes, 14 de febrero de 2017

Mis apuntes sobre Kiyoshi Kurosawa


El director japonés Kiyoshi Kurosawa lo descubrí, como tantos otros, en el propio festival de Sitges hace algunos años. Además solía entrar en muchas listas de cine de terror de la pasada década (sobre todo de terror oriental) con su aclamada Kairo, así que pronto me vi tanto en el festival como en casa algunas de sus obras. Es un director muy especial, no apto para todos los gustos, que suele realizar películas de terror muy lentas y con un gran componente dramático o dramas en que en algunos casos aflora un componente fantástico. Sea como fuere su estilo parsimonioso, su capacidad para provocar tensión casi de la cotidianeidad (un poco como Ti West pero en japo) y su capacidad para escribir y filmar relatos fronterizos genéricamente hablando le ha dotado de un número considerable de seguidores, sobre todo en el panorama festivalero.  Yo confieso que prefiero de mucho el Kurosawa que rueda terror, me parece mucho más auténtico, así que pese a que el trailer da un poco de miedo (del malo, me refiero), sin duda este director irregular, sí, pero a veces fascinante que se coló en mi reciente top-60 de directores en activo,  :



Hasta ahora había visto bastantes películas de Kiyoshi Kurosawa pero dada su extensa filmografía, muchas menos de la mitad. Mi orden de las que había visto hasta ahora sería el siguiente:

1- Retribution, creo que una obra maestra del terror paranoico, onírica, lynchniana y aterradora. Me fascina.

2- Seance, una apuesta muy personal. Tv-movie de gran factura con todo ese terror de la cotidianeidad que tanto me gusta del japonés. A descubrir.

3- Kairo, quizás la cinta más mítica suya y sin duda la que le dio a conocer en Occidente para la mayoría. Irregular pero a ratos fascinante y mezcla, con su estilo, terror, soledad y filosofía, que no es poco.

4- Tokyo Sonata, su drama más reconocido y último largometraje hasta la fecha, sin duda es una buena película pero su rasgo distintivo como director de fantástico es aquí casi invisible y se acerca a otras cintas niponas similares.

5-Loft, una película rajada sin compasión por casi todo el mundo. Tiene un final malo de traca, lo reconozco, pero hasta entonces tiene lo que más me gusta de Kurosawa, ese terror minimalista y casi insustancial que viene de lo cotidiano, más de nuestros miedos que de lo que ocurre. Y ese ritmo tranquilo fascinante.

6- Cure, este thriller bastante primerizo en su filmografía tiene muy buena crítica habitualmente, pero a mí me recargó un poco en su guión loco y desmesurado. De todas formas, recomendable. 

7- House of bugs, la única película suya que hasta ahora  había suspendido. Una tv-movie torpe y sin gracia en que su estilo contemplativo, al no estar cargado de talento, pasa a ser directamente aburrido.

Al encarar este previo Sitges y decidir lo que quería recuperar de su filmografía, un visionado lo tenía muy claro, su última obra, una miniserie de cinco capítulos y más de cinco horas de duración que se pasó enterita y seguida en el pasado festival de San Sebastián. Su título Shokuzai (Penance). Ya que veía la última obra del realizador y dado que la primera suya que había visto era Cure, su quinta película, ¿por qué no la primera?, así que también apunté a la lista de visionados Kandagawa wars. Y para finalizar quería acercarme a alguna de sus películas más reconocidas que hasta ahora no había podido ver. La elegida: Brigh future.

El resultado, muy irregular, paso a detallarlo a continuación con especial atención a lo que realmente quería ver y de lo que menos se ha hablado, su serie Shokuzai (Penance).


Poco me voy a detener con Kandagawa Wars. Todos tenemos nuestros orígenes pero está claro que, en algunos casos, sería mejor obviarlos. La primera cinta de Kiyoshi Kurosawa, de una hora escasa, de factura muy amateur, no solo no tiene nada que ver con su posterior obra cinematográfica, ni en factura, ni en intenciones, si no que además es terriblemente mala. Patética diría. Una especie de comedia absurda con fuerte carga erótica, muy exploit, sin gracia y lo que es peor, sin ni tan solo morbo. Un despropósito que no hacía augurar nada bueno en la carrera del director japonés. Por suerte evolucionaría. Y mucho.






Lo decía en el previo. Reconozco que donde realmente me fascina Kurosawa es en sus cintas de terror atmosféricas, minimalistas, que se toman su tiempo y que se acercan al drama, fusionando ambos géneros. Cuando el director japonés se lanza abiertamente al drama, ni que sea con un componente fantástico como en Bright Future que nos compete, en mi humilde opinión pierde el rasgo distintivo y pasa a parecerse a otros directores asiáticos que tratan la soledad desde posiciones minimalistas, contemplativas y algo apáticas. En Bright future, la historia de dos chicos que se aman y que se enfrentan a un destino  a que su estupidez les ha llevado, se eleva a veces con los momentos oníricos de las medusas o con alguna verdad absoluta entre uno de ellos y el padre del otro, pero, la verdad, es que me provoca cierta indiferencia en la mayor parte de su metraje. Quizás fuese el día...

Y vamos con el que era el último trabajo hasta la fecha de Kiyoshi Kurosawa, Shokuzai (Penance), traducido aquí como "Expiación". Primero de todo quiero decir que la serie, de cinco horas, es muy irregular y que en algún momento he dudado si otorgarle esta cuarta estrella, pero tras algunos minutos de reflexión creo rotundamente que la merece. Nos encontramos ante un thriller presentado en cinco partes con una fuerte carga dramática. De hecho me atrevería a decir que en la mayor parte de su duración es un drama con leit motiv de thriller y que solo en algunos instantes, como en el tramo final, el thriller toma la preferencia genérica.
El principal problema de Shokuzai es que su primera media hora es probablemente lo mejor de la serie, con el handicap que ello presupone. El asesinato a una niña, el silencio de las compañeras que han podido ver al asesino, una madre desesperada y vengativa y un salto en el tiempo, quince años después, para seguir a una de las testigos, en su extraña y caótica vida, en que no ha podido olvidar el crimen del pasado ni su silencio. En este primer episodio, sobre todo en la primera mitad encontramos alguno de los rasgos distintivos de Kiyoshi Kurosawa que más me apasionan: instantes de terror cotidiano, terror que viene más por nuestros propios miedos que por lo que la película muestra, ritmo muy lento que nos va descubriendo a los personajes, cierto onirismo, soledad sin solución, tristeza existencial...
Pero el tramo final de este primer episodio se hace algo repetitivo. Y lo peor es que en el segundo y tercer episodio, en que la historia sigue a otras de las niñas que fueron testimonio del asesinato, de nuevo quince años después, parecen un poco de relleno y son sin lugar a dudas lo más flojo de la serie. Pero claro, dos capítulos flojos no son pocos de cinco. Por suerte en la cuarta la historia emerge de nuevo y en el quinto no solo vuelve a subir aún más el nivel si no que además vuelve a cambiar de género acercándose a este cine asiático (normalmente coreano, pero no olvidemos por ejemplo Confessions) de venganzas rebuscadas e hiperbólicas que tanto suelen gustarnos.
El resultado final, visto su conjunto, es realmente notable, pese a esa irregularidad que desprende el conjunto.