miércoles, 27 de abril de 2016

Crónica D'A 2016 (2)

Seguimos en el D'A y en esta segunda crónica vamos a comentar cinco películas más, con resultados algo desiguales pero con dos obras enormes. En la tercera y última crónica además de las películas restantes haremos un top del festival. Si queréis ir teniendo información día a día recordad que en twitter no paramos.



Sangue del mio sangue (2015)  Nacionalidad: Italia  Director: Marco Bellocchio

Dando tumbos a la cabeza sale uno tras asistir a la proyección de la nueva película del veterano Marco Bellocchio, Sangue del mio sangue, una críptica historia de oscuridad, ambientada en una misma localización, Bobbio (lugar en que el director rodó hace 50 años su ópera prima) pero en distintas épocas, que en principio solo tienen en común el escenario. La primera historia, ambientada en 1630, nos muestra el martirio de una monja acusada de brujería. Sedujo a un caballero que se suicidó por lo que no puede ser enterrado cristianamente, a no ser que la monja sea el demonio. El hermano del fallecido, un joven de armas, busca que sentencien a la monja para contentar a su madre. Pero no cuenta con enamorarse de ella. Y todo se vuelve confuso entonces. La siguiente historia es en la actualidad y es mucho más dispersa y desconcertante. Un grupo de vampiros hastiados por el devenir del mundo moderno malviven escondidos y apesadumbrados. En las dos historias hay, además del mismo escenario, oscuridad, sociedades impositivas e injustas, sexo reprimido, pasión mal entendida, fanatismo religioso, maldad. Y poco más. El montaje, la fotografía y la música son fascinantes. Y uno termina por no poder abarcar todos los nexos comunes de lo explicado pero sí muy inquieto por el devenir de una historia que fascina y que solo quieres poder revisionar. 




Trois souvenirs de ma jeunesse (2015)  Nacionalidad: Francia  Director: Arnaud Desplechin  

Delicada, intensa y afectada película, con la actuación casi testimonial de Mathieu Amalric que en un momento de su vida recuerda los tres hechos de su infancia y adolescencia que realmente han marcado la persona que a día de hoy es. Una persona de la que poco sabremos pero que por un par de retazos intuiremos infeliz, melancólica, incluso algo rendida a un futuro sin demasiadas expectativas. Y los tres instantes son uno breve sobre la infancia y el trauma de una madre enferma, un segundo en clave casi de thriller sobre una incursión con un "trabajo" en la URSS comunista y un tercer recuerdo, el más extenso con mucha diferencia, que nos habla de su amor por Esther. Así familia, amor y amistad (el encargo de la URSS lo acepta por seguir a un amigo) son los tres recuerdos encontrados. Y ese principio que apuntaba a Resnais y Marienbad pronto se materializa en una trama intensa, de amor total pero imposible de mantener en el tiempo, de crecimiento personal, que nos remite mucho más a Truffaut, por poner un ejemplo. Pero Desplechin tiene carácter propio e hilvana una historia de necesidades, locuras y corduras, apegos y desapegos y amores totales que sobrepasan su duración temporal y que nos gritan desde un pasado perdido para incordiarnos con la imposibilidad de recuperarlos, al amor y al pasado. Tres recuerdos. Las cosas que han importado en nuestras vidas y nos han forjado. para bien o para mal. Para ser lo que somos.

Louisiana (The other side)  Nacionalidad: Francia, Italia  Director: Roberto Minervini

Si en su anterior documental, Roberto Minervini partía la narración en dos mitades, una que hacía referencia al rodeo y otra al integrismo religioso, en este caso son también dos caras de la misma moneda las que nos muestra The other side, tan contrarias como complementarias. En la más corta y anecdótica, se nos muestra un grupo de ex-soldados cargados de adrenalina que entre tiros, masculinidades y fiestas pretenden volver a los EEUU a su esplendor. En el tramo más largo del documental la película también se centra en un ex-soldado. En este caso vencido, abandonado, viviendo al margen de la legalidad en territorio de nadie y rodeado de perdedores condenados a la muerte. Minervini nos muestra de forma fría y objetiva escenas de drogradicción y pinchazos, sexo y algunos otros momentos más tiernos y familiares. Mete su cámara al lado de los protagonistas, se convierte en su sombra y consigue llevarnos muy al límite, de lo moral, de lo sensacionalista. Es lo que hay. Encerrados en la sala solo podemos o bien salir de ella, o bien mirar. Y miramos. Con ese horror entre el morbo y la fascinación, el dolor extremo y la ternura.





Nasty Baby (2015)  Nacionalidad: EEUU  Director: Sebastián Silva

Tanto Magic, Magic como La nana eran dos películas de Sebastián Silva que me gustaban mucho, así que la decepción con este Nasty Baby ha sido mayúscula. Nos situamos en Brooklyn y vemos como una pareja gay y su mejor amiga desean tener un hijo de parto natural. Como el semen de uno de los miembros de la pareja no consigue dejar embarazada a la chica, muy necesitada de un hijo, el otro hombre, más recelosos en un principio termina por hacerse donante. Todo ello aderezado por la presencia inquietante de un vecino homófobo y con problemas mentales que les amarga la vida. El trío protagonista pasea sus neuras y sus estupideces de gente egoísta y ensimismada con su vida más o menos acomodada durante una hora de cinta, con una estética y una dirección muy pobres, más cuando la historia en esta primera hora carece de interés. Entonces llega el golpe de efecto. Pero el giro es tan previsible como ridículo. Visto mil veces y explicado mejor y con más nervio. La conclusión: que son todos unos ególatras de cuidado. Como la película. De un ombliguismo cargante. Una pena. 



John From (2015)  Nacionalidad: Prtugal  Director: Joao Nicolao

Una de las historias más raras y personales de esta edición del D'A, pero a mi entender, absolutamente fallida. Es verano y una adolescente que ya empieza a no serlo pasa las horas muertas junto a una amiga, sin demasiado que hacer. Planos largos, tedio y un cierto aire lacónico pinta de sopor el sopor que las protagonistas viven en la ficción. Pero entonces llega un vecino fotógrafo por el que nuestra adolescente se siente fascinada. Y el director vuelve a pintar, en este caso tonalidades cromáticas muy diversas y luminosas para meter la película en un delirio de fantasía y realismo mágico, sin dejar ese humor extraño, en su mayor parte debido a ese tono lacónico que no abandona la película en esta segunda mitad. Y es lo que nos cuenta John From. O entras, o no. A mí no me funcionó nunca y encontré que el marcianismo era muy impuesto, no fluía, no hacía avanzar la historia y causaba más desapego e indignación que fascinación. Pero en la sesión hubieron algunos aplausos. Y pocos hay tras las proyecciones. así que lo de siempre...


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